Los que soportarais entera la entrada anterior sobre el tema ya tenéis una idea aproximada de cómo y para qué nació Radio Nacional de España. Pero su andadura ha sido larga y, aunque al servicio de una dictadura, fue ampliando horizontes y abriendo sus miras. Siempre bajo la férrea vigilancia de la censura y con el objetivo del adoctrinamiento, pero también haciendo pasar buenos ratos a un país en horas bajas y pintado en tonos grises a pesar del colorido de las fiestas populares y corridas de toros que el franquismo enarbolaba con orgullo.
Y así, entre las décadas de 1940 y 1950 se mejoraron las instalaciones y los equipos, y a finales de agosto de 1949 se comenzó a emitir desde Barcelona. Allí la obra de Eduardo Marquina
En Flandes se ha puesto el sol inauguró el programa de dramatizaciones teatrales
Teatro invisible. A partir de entonces, cada domingo durante los siguientes 20 años el Teatro Invisible acercó a los oyentes obras adaptadas al medio radiofónico y representadas en directo.
Las dramatizaciones han sido un género inherente a la radio y pocas emisoras se habrán resistido a ese dechado de creatividad que supone hacer que un relato sonoro genere imágenes mentales en el oyente. Algo que todavía hoy en día se sigue realizando (no con la frecuencia de antaño, pero sí con la misma calidad) a pesar del auge de los medios visuales. En el caso de Radio Nacional el espacio
Ficción sonora, que se emite actualmente, ha recuperado el espíritu del antiguo
Teatro invisible y otros posteriores como
Historias o
Los Cuentos en la Radio.