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17 de julio de 2019

Alf se queda huérfano

Se dice que una imagen vale más que mil palabras, pero en este caso podemos asegurar que vale más que dos. O que cuatro, según digamos simplemente Max Wright o Max Wright-Willie Tanner.

Aunque el nombre no nos dijera nada, a los espectadores de cierta edad de esas series de veinte minutos repletas de chistes, juegos de palabras y situaciones surrealistas conocidas como sitcom, la foto de la cara delgada de Willie con sus gafas ochenteras nos traería a la mente de manera inmediata una de las más originales que se vieron allá por el último cuarto del siglo XX.

También es inevitable pensar en Willie cuando se oye la palabra Alf (iniciales de alien live form en inglés) referida a ese pequeño ser peludo, comilón, egoísta, patoso, cargante, aficionado a los gatos (como parte del menú), pero también simpático, optimista y alegre.

Por desgracia Alf se ha quedado huérfano de padre adoptivo, porque su querido Willie ha pasado a mejor vida a los 75 años a causa de un cáncer que le estuvo dando la lata durante una larga temporada.

Es más, siendo objetivos, ya una parte de Alf nos había dejado en 2016 cuando el húngaro Mihaly (Michu) Meszaros inició su propio viaje al más allá. Él era el encargado de cubrir sus poco más de ochenta centímetros de altura con el peludo traje del extraterrestre para las tomas de cuerpo entero.

También se marcharon John La Motta (el vecino Trevor Ochmonek, o Trevor Armonía en su versión española) en 2014 y Anne Meara (la enemiga íntima de Alf y madre de Kate, la esposa de Willie) en 2015.

Visto en conjunto, si entramos en el terreno paranoico-conspiranoico, podríamos hablar de la maldición de Alf, porque vamos a un muerto por año, pero tampoco es de extrañar semejante desfile tratándose de una serie con tres décadas de antigüedad y considerando además que algunos de sus protagonistas y secundarios no eran precisamente niños.

18 de junio de 2019

Se ha muerto la tele.

Seguramente Narciso (Chicho) Ibáñez Serrador haya sido el último integrante de esa generación de profesionales que convirtió una caja de madera con un lado de cristal en una fuente de entretenimiento inagotable. Pese a su modestia y a autodefinirse como tímido, en el ámbito profesional hizo gala de una valentía y una voluntad admirables, con producciones, en ocasiones, al límite de lo permisible en un país regido por la falsa moral franquista y una férrea censura, pero siempre cuidadas y alejadas completamente del mal gusto y la zafiedad tan habituales en el mundo de la televisión.

Hoy vemos reposiciones de alguno de sus programas y no sentimos la mínima turbación. No somos conscientes, cuando ya es muy difícil escandalizar al espectador, de lo atrevido y valiente de su contenido, producido en una época en que todo era pecado o delito.

Por poner un ejemplo, su Historia de la frivolidad, que se iba a titular Historia de la censura pero a los censores no les pareció bien, y que ganó varios premios internacionales, fue emitido en TVE en 1967 fuera del horario de programación. Es decir, terminó la programación (entonces la tele no emitía las 24 horas), apareció la despedida habitual hasta el día siguiente y, solo después, se pudo ver el programa. Y se hizo así por obligación. Televisión Española sí apostó por este argumento de Ibáñez Serrador y Jaime de Armiñán con vistas a darse a conocer internacionalmente, pero la censura, siempre velando por la integridad de la moral, no lo consideró apto para los castos ojos españoles. Sin embargo una de las normas para participar en el Festival de Televisión de Montecarlo era que el programa a concurso debería haber sido emitido con anterioridad, así que se llegó a ese término medio de emitirlo, sí, pero no.

8 de marzo de 2019

The Bletchley Circle



En 1938, un año antes de que comenzara la Segunda Guerra Mundial, un grupo de criptógrafos, agentes del MI6, militares y académicos se trasladaron, en el más absoluto secreto, a las instalaciones de Bletchley Park, aproximadamente a una hora al norte de Londres, para trabajar en la descodificación de mensajes alemanes cifrados. Es allí donde, gracias a la ruptura del código de Enigma, la máquina alemana por la que pasaban las órdenes de despliegue de tropas, los aliados pudieron ir un paso por delante de sus enemigos, e incluso se dice que se pudo acortar la guerra.

Cuando en 1945 se desmanteló la organización, de los 10.000 trabajadores que formaron parte de ese proyecto aproximadamente el 75% de la plantilla eran mujeres. Trabajaron codo con codo con los hombres, demostraron su valía y cuando todo terminó se reintegraron a la vida civil sin poder decir a nadie lo que habían estado haciendo, todo se guardó bajo la ley de secretos oficiales hasta 1974.